Personas y familias de distintas procedencias han decidido dar un paso valiente: imaginar juntas una forma diferente de habitar lo rural, con cercanía, sostenibilidad y apoyo mutuo.
Algunas ya se han ido a vivir cerca y han creado una asociación, otras se están formando en facilitación comunitaria y todas comparten un mismo deseo: crear un hogar que sea más que un conjunto de casas.
En los vídeos de testimonios que hemos grabado, se escucha con claridad la sensibilidad y la ilusión que sostiene a este grupo humano.
Voces que cuentan un sueño compartido
Ana, era profesora y lo expresa de una forma sencilla y luminosa:
“Es un proyecto innovador y bonito que nos da el espacio para crear un grupo de vecinas y vecinos que quiere estar juntos y vivir en la naturaleza.”
Ramón, profesor universitario en activo, con la calma de quien ya ha puesto el corazón en un lugar, nos dice:
“vibio es un proyecto precioso para terminar mis días de trabajo —o de teletrabajo, si puedo— y empezar una etapa nueva en el entorno rural.”
Para Miguel, vecino e impulsor de vibio, este proyecto tiene un valor especial:
“Yo no soy ningún inversionista grande. Solo tenía unos ahorros… y decidí apoyar este proyecto porque me recomendaron mirar en el Valle del Tiétar por lo maravilloso que era.”
Y Jaime, jubilado, con la foto de fondo del solar donde se levantará vibio, comparte algo que toca profundamente:
“Estoy encantado de que sea un pueblo pequeño, porque así podremos integrarnos con las personas que ya viven allí.”
Arquitectura que crea comunidad
vibio no es solo un proyecto de casas ecológicas: es una forma de organizar la vida.
El arquitecto Víctor lo describe con claridad:
“vibio es una comunidad de comunidades. Está estructurado por plazas: pequeños núcleos de entre siete y diez viviendas con un cobertizo central donde están las instalaciones comunes de aguas residuales y de la electricidad solar, así como lavandería y taller.”
No habrá vallas entre las casas.
Habrá plazas, caminos, talleres, una red de senderos compartidos, una vida que se hace entre las personas y el paisaje.
Se plantarán más de 400 árboles, habrá zonas de lavandería comunitaria, agua reciclada, energía solar, espacios comunes para encontrarse, crear y celebrar.
Una comunidad que quiere integrarse
Lo más bonito no es solo lo que se construirá, sino cómo se quiere convivir con quienes ya habitan el territorio.
Muchas de las personas del proyecto hablan con respeto y emoción del pueblo, de sus gentes, de su identidad.
El 70% quiere mudarse ya de forma permanente.
El 30% lo hará progresivamente, cuando la vida laboral lo permita.
Todas tienen un deseo compartido: convivir, colaborar, enriquecer y aprender del mundo rural que ya existe.
¿Qué es vibio, entonces?
Es un proyecto arquitectónico, sí.
Es un proyecto ecológico, también.
Pero sobre todo es un proyecto humano.
Hecho de sueños, de pasos valientes, de una comunidad que se reconoce diversa y que quiere vivir con humildad y respeto en un entorno que admira.
Un proyecto que, si se mira de cerca, late.
Late en las voces, en la ilusión, en la manera de imaginarse allí.
Y quizás, para quien lo lea desde fuera —desde el propio Valle del Tiétar o cualquier pueblo — estas voces puedan recordar algo que ya sabemos:
que convivir, apoyarnos y cuidar la tierra siempre ha sido una forma de sabiduría rural.
Artículo realizado por Elisa Larrain en colaboración con Beatriz Gallego, Facilitadora de Red Amaltea